El Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y
la Sequía se conmemora cada 17 de junio. Su objetivo es crear
conciencia sobre la degradación de los suelos, promover soluciones para
restaurar las tierras y destacar la importancia de cooperar internacionalmente
para mitigar los graves efectos de la escasez de agua.
Bajo el lema "Pastizales: Reconocer. Respetar.
Restaurar". Se hace un llamamiento a un mayor reconocimiento del valor
económico, ecológico y cultural de los pastizales, al respeto por sus
guardianes tradicionales y a una mayor inversión en la restauración de los
pastizales degradados.
Datos clave del problema
- Hasta
un 40% de la superficie terrestre del planeta se encuentra
degradada, lo cual afecta directamente a la mitad de la población mundial.
- La
degradación y la sequía amenazan la seguridad alimentaria, provocan
pérdidas económicas y obligan a millones de personas a desplazarse.
- El
lema de la conmemoración resalta la necesidad de restaurar la tierra
para generar oportunidades y garantizar la supervivencia de las futuras
generaciones.
Pastizales:
Reconocer, respetar y restaurar
El Día de la Desertificación y la Sequía 2026
sitúa a los pastizales en el foco de atención mundial.
Los
pastizales se encuentran entre los ecosistemas más extensos del mundo, y a la
vez, entre los más desatendidos. Al cubrir más de la mitad de la superficie terrestre
del planeta, desempeñan un papel vital en la seguridad alimentaria, los ciclos
del agua, la conservación de la biodiversidad y la resiliencia climática.
Sustentan la vida de alrededor de 2000 millones de personas en todo el mundo,
incluidos numerosos pastores y pueblos indígenas, cuyo conocimiento y gestión
han preservado estos paisajes durante generaciones.
El evento de este año contribuye a subrayar la necesidad
de concienciar, fomentar la inversión responsable y fortalecer las políticas
que salvaguardan los pastizales y los medios de vida de los pastores.
Aproximadamente la mitad de estos ecosistemas se
encuentran degradados o en riesgo, lo que conlleva graves consecuencias para la
seguridad alimentaria e hídrica, la biodiversidad, la resiliencia climática y
los medios de vida rurales. Sin embargo, ya existen vías de acción viables.
Invertir en la gestión sostenible de la tierra y el agua, en una mejor
preparación ante las sequías y en la restauración liderada por las comunidades
puede contribuir a salvaguardar estos paisajes y a las personas que dependen de
ellos.
Ahora es el momento de reconocer el valor de los
pastizales, respetar a sus guardianes tradicionales y restaurar estos paisajes
para las generaciones futuras.
¿Sabías que...?
- Los
pastizales cubren más de la mitad de la superficie terrestre de la Tierra
y sustentan la vida de alrededor de 2000 millones de personas en todo el
mundo.
- Suministran
casi el 70% del alimento para el ganado a nivel mundial, lo que los hace
fundamentales para los sistemas alimentarios.
- Prácticamente
la mitad de los pastizales del mundo están degradados o en riesgo.
¿Qué es la desertificación?
La desertificación es el proceso de degradación de la
tierra acentuada en zonas áridas, semiáridas y secas debido a diversos
factores, como el calentamiento global, el crecimiento demográfico, la
constante deforestación, la salinización de los suelos, la sobreexplotación de
los acuíferos y los modelos de producción y consumo insostenibles para los
recursos naturales del planeta.
Un suelo degradado es un suelo enfermo, incapaz de
producir alimentos o permitir el desarrollo de especies vegetales, lo que
afecta a la biodiversidad (pérdida de hábitats y ecosistemas) y aumenta la
pobreza e inestabilidad de las comunidades afectadas, sobre todo aquellas que
dependen de la agricultura y la ganadería como forma de vida.
Además, los suelos al erosionarse pierden la capacidad de
defenderse de sequías, inundaciones e incendios forestales.
“La salud humana y la salud de nuestro medio ambiente
están profundamente entrelazadas.” – Audrey Azoulay, directora General de la
UNESCO
¿Qué es la sequía?
La sequía es una escasez prolongada de agua, que puede ser
causada por falta de lluvias, condiciones climáticas adversas (olas de calor,
temperaturas extremas…) o un mal uso de los recursos hídricos (contaminación de
ríos, mares y lagos, agotamiento de acuíferos…).
La sequía se mide cuando los niveles de agua están muy por
debajo de lo que corresponde en una zona determinada, afectando a la flora,
fauna y personas que viven en ella.
A diferencia de otros desastres naturales, la sequía es un
proceso lento y acumulativo cuyos efectos pueden durar meses o años.
Existen tres principales tipos de sequía:
- Meteorológica:
causada por la falta de precipitaciones durante periodos prolongados.
- Agrícola:
afecta a los suelos y cultivos debido a la escasez de agua.
- Hidrológica:
los niveles de agua se reducen en fuentes como ríos, lagos y reservas
subterráneas.
PAÍSES
MAS AFECTADOS POR LA SEQUÍA Y LA DESERTIFICACIÓN
A nivel mundial, los países
que sufren los efectos más peligrosos de la sequía y la desertificación se
concentran en las regiones áridas, siendo Somalia, Chad y Níger los más
vulnerables. Estos territorios, ubicados en la franja del Sahel y el Cuerno de
África, enfrentan una crisis climática, ambiental y humanitaria extrema.
Somalia: Catalogado
frecuentemente como uno de los lugares más vulnerables del planeta. Combate
sequías prolongadas que destruyen los medios de vida agrícolas y amenazan con
hambrunas masivas, agravado por la inestabilidad sociopolítica.
Chad: Cerca de tres cuartas
partes de su territorio es desierto. La severa escasez de agua ha acelerado
drásticamente la desertificación del norte, destruyendo las zonas
agro-pastorales y provocando conflictos por los recursos hídricos.
Níger: Más de las cuatro
quintas partes del país están cubiertas por el desierto del Sáhara. Su
población, fuertemente dependiente de la agricultura de subsistencia, se ve
asolada por sequías cíclicas severas.
Afganistán: En el continente
asiático, sufre una de las sequías más severas de las últimas décadas, la cual
ha provocado la degradación de más de dos tercios de sus tierras y ha forzado
el desplazamiento de millones de personas.
Las consecuencias de este
fenómeno incluyen la pérdida de biodiversidad, hambrunas, y el desplazamiento
forzado de millones de personas. Para comprender y frenar el impacto, la ONU y
otras organizaciones internacionales cuentan con iniciativas dedicadas a
evaluar y restaurar estas zonas vulnerables.
La desertificación y la
sequía en el mundo son provocadas principalmente por el cambio
climático y la actividad humana descontrolada, como la
deforestación, la agricultura intensiva y el sobrepastoreo. Estos factores
degradan la capa fértil del suelo y alteran los ciclos naturales del agua.
Las causas más notorias se
desglosan en las siguientes categorías:
1. Actividades Humanas
(Causas directas)
- Deforestación:
La tala indiscriminada destruye la cubierta vegetal que retiene la humedad
y protege al suelo de la erosión del viento y del agua.
- Agricultura
intensiva: El exceso de cultivos, el uso de
químicos y la falta de rotación agotan los nutrientes del suelo,
volviéndolo vulnerable y estéril.
- Sobrepastoreo:
Introducir demasiado ganado en un terreno impide que la vegetación se
regenere, pisoteando y compactando la capa superior del suelo.
- Sobreexplotación
de acuíferos: El riego excesivo y la extracción
desmedida de agua subterránea vacían las reservas hídricas más rápido de
lo que la lluvia puede reponerlas.
2. Cambio Climático y
Factores Naturales
- Calentamiento
global: El aumento sostenido de las temperaturas
acelera la evaporación del agua en el suelo y en los embalses.
- Alteración
de lluvias: El cambio en los patrones climáticos
globales provoca sequías prolongadas y reduce las precipitaciones
regulares en regiones vulnerables.
- Incendios
forestales: Destruyen grandes extensiones de
biomasa, dejando los suelos expuestos directamente al sol y a la erosión
severa.
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